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Historias de perros fieles

Historias de Perros Fieles

Aunque la muerte nos separe

Todos hemos escuchado en más de una ocasión esas historias que hablan de perros que parecen tener una sensibilidad y una devoción especial hacia sus dueños, un sentimiento de fidelidad que les lleva a permanecer, en algunos casos, junto a la puerta de un hospital por la que su amo desapareció una vez hace ya muchos años. O sobre una tumba, cuidando y velando el descanso eterno de su dueño hasta el último día de su vida.


Otras historias nos cuentan el increíble sentido de la orientación de los canes, que son capaces de volver a su hogar desde distancias que a veces se cuentan por miles de kilómetros, en viajes épicos que les costarán recorrer incluso algunos años. También se ha hablado mucho del supuesto sexto de precognición que parecen tener los perros, ese sentido que les posibilita adelantarse o intuir la inminente llegada de sus dueños, una tormenta e incluso un movimiento sísmico.

A continuación os mostramos algunas de estas peculiares historias y una pequeña muestra sobre los estudios que se han realizado en los últimos tiempos sobre este sexto sentido que hemos mencionado.

 

 

Bobby era el terrier de un policía de la ciudad de Edimburgo llamado John Gray. Ambos estaban siempre juntos y ya era famosa en la zona la cantidad de trucos que Bobby sabía realizar. Desafortunadamente, un 15 de Febrero de 1858, Gray muere de una tuberculosis repentina. Durante el funeral Bobby permanecería siempre presente, y seguiría al cortejo hasta el cementerio de Greyfriars Kirkyard. Lugar donde descansarían los restos de John y donde además, en un acto de fidelidad extrema, Bobby pasaría el resto de los 14 años que le quedaban de vida montando guardia sobre la tumba de su fallecido amo. En un principio todos pensaban que Bobby permanecería solamente unos días sobre la tumba y que luego el hambre o el aburrimiento lo alejarían. No obstante, comenzarían a pasar los años e incluso los crudos inviernos de Escocia y Bobby permanecería fiel en su guardia. Solo se retiraba de vez en cuando para beber y conseguir comida, o cuando la nieve le impedía permanecer en el lugar. Con los años Bobby se fue transformando en una leyenda local y personas que admiraban su fidelidad comenzaron a alimentarlo y a suministrarle un refugio en el invierno. A tal punto creció esta fama que en 1867 el mismo Lord Provost de Edimburgo, Sir William Chambers, intervendría personalmente para salvar a Bobby de la perrera y además, para evitar futuros accidentes de este tipo, declararía al fiel can como propiedad del Consejo de la Ciudad. Bobby moriría sobre la tumba de su amo en 1872, y al no poder ser enterrado en el cementerio la gente del lugar se reuniría para construirle una fuente con una estatua en su honor no muy lejos del cementerio. Estatua que, curiosamente, fue construida mirando hacia la tumba de John Gray.
 

 

 

Collie llegó a La Piedad hace unos cinco años, el mismo día en que sepultaron a su amo. Esa noche se quedó junto a la tumba y al día siguiente, cuando los familiares vinieron por él, no hubo forma de llevarlo. Hubo unos días de pausa y regresaron, en este caso con una soga.
  fallecida, intentó atraparlo con  “Vino el hijo de la persona una soga pero el perro escapó hasta el fondo y no hubo manera de sacarlo de acá”, recuerda Lombardo, que lleva 30 años trabajando en el lugar y se ocupa personalmente de alimentar a Collie todas las mañanas, al igual que al resto de los perritos callejeros que eligieron el cementerio como residencia.
Según el hombre, ese    es el único momento del día en que Collie da muestras de afecto. Una vez concluido el desayuno, el perro se pierde durante horas, deambula o se recuesta en los alrededores de la que fuera la tumba de su amo.
“Dicen que al dueño lo cremaron y que   desorientó, sigue viniendo a  eso lo este sector donde comenzó todo”, dice Eduardo Visconti, citando una versión que circuló entre el personal de La Piedad. “Ahora duerme la siesta en el lugar cercano a la tumba y el resto del tiempo se queda cerca de las oficinas de entrada”, comenta.
Antes que   lo cuidó Miguel Landriel, capataz del  Domingo, a Collie lugar ahora jubilado, quien le pasó la posta. “Yo quería hacerme amigo, pero se iba corriendo, no me dejaba ni acercar”, recuerda y cuenta que hasta su esposa está involucrada en la historia. “Anoche preparó arroz con menudos de pollo que me regalaron y les traje a todos los perritos”.
 

 

 

Elena es empleada de La Piedad y trae a su memoria otra historia de nobleza. “Hubo un perro negro y lanudo, que llamaron Lobito, que estuvo como ocho años al pie del nicho de su amo, en el primer piso, no se movió más de ahí, mi hermana le daba de comer y como ladraba y muchos se quejaron, terminó llevándolo a su casa hasta que murió de viejo”, señala.
  Capital. “Fue  “¿No le contaron del ovejero?”, una pregunta Visconti a La Falleció el historia similar a la de Collie. dueño, el ovejero se instaló en una perpetua del solar 7 A y nunca más se fue, habrá estado unos cuatro años, al principio tenía una actitud activa pero después murió ahí mismo de tristeza”.
 

 

 

El periódico israelí Maariv contaba en 2007 una historia particular. Una perra se negaba a abandonar la tumba de su dueño en el cementerio de Safed, al norte de Israel.

La perra que fue apodada Clara, por los empleados del cementerio, fue echada varias veces del lugar pero siempre regresaba a la tumba de su dueño Vladimir Yaronov que falleció en noviembre de 2007 a los 77 años.

La historia de la perra provocó que varios oyentes en un programa de radio donasen comida para ella por un año.

 

 

En marzo de 2009 un perro apareció en el cementerio de Nerja (Málaga) buscando a su dueño, un hombre de origen extranjero que falleció hace poco tiempo y que fue enterrado en el camposanto. El animal se instaló junto a la tumba del anciano con el que compartió los últimos años.

El canino se ha aprendido los horarios del cementerio y, aunque a veces salía, siempre volvía antes de que cerraran para estar junto a su dueño.

Los vecinos se acostumbraron a su presencia y le llevaban agua y comida; con lo que al animal ganó peso con los días.

Lo que ninguno de los vecinos consiguió, a pesar de que varios lo intentaron, fue adoptarlo. El perro siempre volvía junto a la tumba de su amo.

 

En un pueblito italiano a finales de la década de 1930 había un joven de nombre Luigi quien adoptó y crió un perrito mestizo bautizado “Fido”. Cada mañana Fido acompañaba a su amo a la estación de ferrocarril situada a unos 2 Km. del hogar.

El joven trabajaba en carpintería en una pequeña ciudad de la zona y para desplazase tenía que tomar el tren todas las mañanas, regresando a su pueblito a las 5.30 todas las tardes. Allí estaba Fido esperando a Luigi ,día tras día.

Después de expresar con brincos y ladridos la alegría del encuentro con su amo, Fido daba unas carreritas y saltaba en el monte todo contento, hasta llegar a casa. Esa rutina diaria fue interrumpida bruscamente cuando Luigi fue reclutado en el ejército y enviado al frente ruso en 1943. La interrupción fue para Luigi pero no para Fido quien ya no iba en las mañanas pero si se presentaba puntualmente todas las tardes en la estación del tren ,esperando el regreso de su querido amo.

Fido oía de lejos apenas perceptible, el ruido de la locomotora. Todo tenso y esperanzado veía al tren pararse en la estación. Entonces iba de vagón en vagón, moviendo su colita y husmeando las escaleritas y los pasajeros que bajaban para identificar alguna huella de su amo. El tren se marchaba y la gente también. Después de esperar un ratito mas, Fido, triste y abatido con la cabeza baja y la cola entre las piernas ,regresaba solitario a su casa donde los padres de Luigi aún albergaban una chispa de esperanza de volver a ver vivo a su hijo amado . . . Luigi nunca volvió. Fue una víctima mas de la Segunda Guerra Mundial que mató decenas de miles de seres, algunos pecadores y criminales pero la gran mayoría, inocentes.

Los meses y años pasaban. A principios de los 50, Fido tenía dificultades para desplazarse; no pudo escapar a los achaques de la vejez; tenía artritis. Sin embargo, Fido no perdía esperanzas. A pesar de los dolores para movilizarse y las fuerzas que mermaban cada vez mas, él seguía con su rutina convencido del regreso de su amo. El trecho de camino que hacía antes con ligereza en 15 minutos, tardaba ahora 2 horas, llegando a casa completamente agotado. Fué una tarde de invierno con fuerte viento y nevada. Fido dio sus últimos pasos sobre el blanco camino, se tambaleó y su noble corazón dejo de latir . . .

Al día siguiente encontraron su pobre cuerpecito congelado y cubierto de nieve. Todo el pueblo conocía a Fido, todos lo lloraron, todos lo vieron hacer sus caminatas infructuosas y sabían lo que Fido buscaba desesperadamente. No fue dificil convencer a esa gente modesta y buena, de colaborar con la erección de una estatua dedicada a la memoria de Fido, situada hoy en día al lado de la misma estación de ferrocarril que Fido visitaba a diario, día tras día por el resto de su vida. El epitafio: “Un ejemplo para todos los humanos de lo que es la máxima expresión del AMOR Y FIDELIDAD “.

 

 

 

Otro amigo fiel fue Hachiko, un perro de raza Akita inu nacido en 1923 en la ciudad japonesa de Odate. Sin embargo, menos de un año más tarde su dueño, un profesor de agricultura llamado Hidesamuro Ueno, lo llevaría hasta Tokio. Allí Hachiko se acostumbraría a su vida cosmopolita yendo todas las noches hasta la estación de trenes Shibuya para recibir a su dueño cuando éste llegaba del trabajo. Por desgracia Ueno fallece en 1925 y nunca es llevado nuevamente a su casa, por lo que Hachiko queda abandonado en las calles. No obstante, durante 11 años volvería fielmente todas las noches a la estación de trenes, exactamente a la hora en la que arribaba el tren que solía tomar Ueno. Una vez frenado el tren Hachiko buscaba a su amo cuidadosamente entre la multitud y luego se retiraba.

Al cabo de unos años un antiguo alumno de Ueno, que se encontraba realizando un censo de akitas, se enteraría de la historia, y publicaría varias notas con la historia del perro fiel. Una de estas notas aparecería en el más importante periódico de Tokio. Gracias a esto Hachiko ganaría fama a nivel nacional y varias historias y poemas se escribirían alrededor de él. Sin embargo, más importante aún, Hachiko salvaría a su raza ya que solo quedaban 30 akitas puros en todo el Japón, y a partir de ese momento la demanda hizo que se preservaran cuidadosamente. Hoy en día la población de Akitas supera los miles. Hachiko es además recordado con una estatua en la estación de Shibuya.

 

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Diccionario de lenguaje Canino

Diccionario de lenguaje Canino:




- Sonidos
- Orejas
- Cola
- Ojos
- Hocico
- Actitudes. Lenguaje corporal.



Lo que se indica en los diversos apartados de este diccionario, hay que matizarlo teniendo en cuenta las características físicas del perro en cuestión. Un perro al que se le ha amputado la cola, evidentemente, no podrá hacer señales con la misma, mientras que en aquellos de orejas largas y caidas es más difícil interpretar qué posición están mostrando en un momento dado. Ten estos detalles en cuenta al hacer las interpretaciones.


Sonidos.

Ladridos:

Ladridos continuos y rápidos, en tono intermedio: Alerta. Problemas. Alguien entra en nuestro territorio.

Ladridos continuados y lentos, en tono bajo: Intrusos o peligro cercano. Preparados para defenderse.

Ladridos rápidos y con pausas cada 3 o 4: Aviso de problemas acercandose, y petición al "jefe" de que investigue qué pasa.

Ladridos prolongados e ininterrumpidos, con intervalos largos entre cada uno: Estoy solo y necesito compañía. Suele ocurrir cuando un perro lleva aislado mucho tiempo.

Uno o dos ladridos agudos y breves en tono intermedio: Es el saludo más habitual.

Un ladrido agudo y breve, en tono bajo: Ya basta. Indica molestia.

Ladrido breve en tono alto: Indica sorpresa. Si se repite dos veces significa "¡mira esto!". Si es más largo es una llamada. Muchos perros lo usan cuando quieren salir a la calle. En tono medio expresa alegría.

Aullido o ladrido muy breve en tono alto: ¡Ay!. Respuesta a un dolor repentino.

Aullidos repetidos a intervalos regulares: Muestra de un dolor intenso o respuesta a algo que les asusta.

Ladrido entrecortado en tono medio: Petición de jugar.

Gruñidos:

Gruñido suave en tono bajo: Gruñido de amenaza. Conviene apartarse y dejar espacio al perro.

Gruñido que deriva en ladrido, en tono bajo: Disposición a pelear. Si se presiona al perro, atacará.

Gruñido que deriva en ladrido, en tono alto: Perro inseguro que preferiría no pelear, pero que atacará si no se le deja en paz.

Gruñido intenso sin enseñar los dientes: Suele oirse cuando juegas con el perro. Está simulando un ataque en broma e indica que se está divirtiendo. Suele intercalarse con ladridos entrecortados.

Otros sonidos:

Gimoteos suaves: Indican dolor o temor.

Gemidos prolongados e intensos: "dame..." o "quiero...". Pretende llamar la atención. O está esperando que le des de comer o le saques de paseo.

Suspiro: Indica satisfacción si los ojos están semicerrados. Si están abiertos es una señal de decepción porque no ha ocurrido algo que el perro esperaba.

Rugido: Llamada a la caza.

Ladrido-aullido: El perro lo produce cuando se siente solo y busca compañía.

Aullido: "Estoy aquí" o "Este es mi territorio". Un perro seguro de si mismo aullará para mostrar su presencia.

Jadeo: Suele indicar excitación.
 

Orejas.

Orejas erguidas y orientadas hacia delante: Muestran atención, o que están estudiando una situación nueva. Si se acompañan de ladeos de la cabeza hacia los lados y con la vista fija (por ejemplo cuando les hablas), puede significar tanto "esto es muy interesante", como "no te entiendo nada, ¿eh?" y tiene que ver con la contemplación de un nuevo acontecimiento. Por el contrario, si van acompañadas de morro arrugado y enseñar los dientes, es una amenaza de ataque por parte de un animal decidido.

Orejas vueltas hacia atrás y paralelas a la cabeza: Suele asociarse con cualquier tipo de desafío. Algunos perros las colocan así al caminar o correr, pero en este caso no tienen un significado especial.

Orejas orientadas ligeramente hacia atrás: "Esto no me gusta nada". El perro puede estar dudando entre atacar o huir. Equivalen a una mirada de sospecha.


Cola.

Extendida horizontalmente pero no tiesa: Es un signo de atención. El perro está viendo algo interesante.

Extendida horizontalmente y tiesa: Toma esta posición al enfrentarse el perro contra un posible intruso o desconocido. Significa "a ver quien manda aquí".

Cola erguida: Es un signo de autoridad de un perro que se muestra dominante.

Cola erguida y curvada sobre la grupa: Indica confianza, control y autodominio.

Cola ligeramente baja pero apartada de las patas traseras: El perro está tranquilo y relajado.

Cola hacia abajo y cercana a las patas traseras: Si las extremidades están rígidas y agita levemente la cola, indica "no me siento bien". Si las patas estan ligeramente flexionadas es una muestra de que el perro siente una leve inseguridad, normalmente cuando está en un lugar desconocido.

Cola oculta entre las patas: Temor o sumisión. El perro tiene miedo a que le hagan daño, o bien, en presencia del miembro dominante de la manada, expresa que "estoy de acuerdo con mi papel secundario y no voy a desafiarte".

Movimientos de la cola:

Agitación leve: Suele indicar saludo.

Agitación trazando círculos amplios: "Me caes bien". Cuando dos perros juegan a pelear, este movimiento de la cola confirma que solo están jugando.

Agitación a ritmo lento: Cuando estás adiestrando al perro, esto significa "estoy intentando entenderte; quiero saber qué dices pero no acabo de entenderlo". Cuando por fín lo entiende, el movimiento se acelera y aumenta en amplitud.


Ojos.

La mirada expresa dos intenciones, ambas relacionadas con la autoridad o la sumisión.
Mirada directa y fija: Desafío, o respuesta al desafío por parte del perro dominante.

Ojos entornados: Respuesta de un perro sumiso ante un reto. Aceptación de la sumisión.


Hocico.

Boca relajada y entreabierta, lengua poco visible: Equivale a una sonrisa entre las personas.

Bostezo: En los perros indica estrés o tensión. El perro está tenso o inquieto.

Boca cerrada, labios levantados enseñando los dientes: Primera señal de amenaza.

Boca entreabierta, labios levantados enseñando los incisivos, hocico fruncido: Segunda señal de amenaza. Si se presiona al perro, responderá con un ataque.

Boca entreabierta, labios levantados enseñando los incisivos y las encías, hocico fruncido: Precede a un ataque inmediato. Si alguna vez nos encontramos ante un perro así, nunca se debe salir corriendo. Está tan tenso que el menor movimiento por nuestra parte provocará el ataque. Hay que bajar la mirada (mostrar sumisión), entreabrir la boca, y retroceder con lentitud.

Cualquier expresión de amenaza, con la comisura de los labios estirada hacia atrás: Muestra un componente de temor en el perro. Aún puede atacar, pero también puede huir si se siente agredido. Viene a decir "te tengo miedo, pero puedo atacar si me obligas".


Actitudes y Lenguaje Corporal.

Perro agachado, patas delanteras extendidas, lomo erguido, cabeza cercana al suelo: Invitación a jugar.

Posición erguida y relajada, orejas erguidas no adelantadas, cabeza alta, boca entreabierta, cola baja y relajada: Perro relajado y contento.

Perro erguido ligeramente inclinado hacia delante, orejas hacia delante, cola erguida, ojos muy abiertos y boca cerrada, miembros rígidos: Perro en estado de alerta. Posión de mostrar autoridad.

Perro erguido ligeramente inclinado hacia delante, orejas hacia delante, cola erguida y erizada, ojos muy abiertos, hocico arrugado, pelo erizado, miembros rígidos: Perro muy dominante, amenzando atacar si se le desafía.

Posición ligeramente inclinada hacia atrás, pelo erizado, orejas hacia atrás, cola entre las piernas, hocico arrugado enseñando los dientes: Perro asustado pero dispuesto a atacar si se le provoca.

Posición agachada, mirada baja, orejas hacia atrás, cola entre las piernas, pelo no erizado, pata levantada: Todo son señales de sumisión para evitar peleas. En sumisión total, además se tumba sobre la espalda, mostrando el estómago y la parte inferior del cuello. Muchos perros lo hacen voluntariamente ante el lider de la manada. Si el perro se tumba para que le rasquemos la barriga, lo que hace es aceptar que nosotros somos el jefe.

Colocar la cabeza o la pata sobre el lomo de otro perro: Gesto de autoridad. Indica que "aquí mando yo".

Coger objetos con la boca: Por ejemplo, llevar la correa entre los dientes al pasear, o sujetar la mano del dueño con la boca. Es un desafío de poder y puede indicar que el perro no acepta al ser humano como lider de la manada. Cuidado con consentirle esas actitudes.

Colocar la pata en la rodilla del dueño: Petición de atención.

Revolcarse sobre el lomo y frotarlo en el suelo, frotar el hocico y el pecho contra el suelo: Perro muy satisfecho y contento. Normalmente lo hacen antes o después de alguna actividad placentera.

Rascar el suelo, arrancar hierba con las patas: El perro tiene unas glandulas que dejan un olor único y distintivo. Simplemente está dejando una señal de que ha estado ahí.

Orinar: Aparte de la simple necesidad de evacuar, es marcar el territorio (los cachorritos muy pequeños orinan de una sola vez pues aún no "marcan"; mientras que los adultos se contienen, para ir dejando sus señales por todo el camino). Si en vez de orinar sobre las marcas de otros perros, lo hace sobre un perro o sobre una persona, está dejando un signo de autoridad y posesión.

 

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La vida secreta de los gatos: ¿a donde van cuando salen?

La vida secreta de los gatos: ¿a donde van cuando salen? 



Los gatos domésticos se pasean por un territorio de dos hectáreas cerca de su casa





¿Qué hace nuestro gato cuando sale de casa y no aparece en todo el día? ¿Adónde va cuando lo perdemos de vista? Investigadores de la Universidad de Illinois (EE.UU.) han seguido los pasos de 42 gatos adultos, algunos de ellos domésticos y otros callejeros, durante dos años para conocer cada uno de sus movimientos. Su vida cotidiana puede ser sorprendente. Las mascotas no se van muy lejos, se pasean por un territorio de unas dos hectáreas cerca de casa, pero los asilvestrados pueden tener un impresionante reino de más de 500. Los animales seguidos en el estudio cruzaron calles y aparcamientos, merodearon por jardines y bosques e incluso atravesaron un campo de béisbol en pleno partido.

Uno de los gatos del estudio, con su collar de seguimiento
Los investigadores equiparon a los gatos con collares que escondían un sofisticado equipo de radio para poder realizar el seguimiento a través de las calles de Champaign y Urbana, ciudades vecinas en el centro de Illinois, en un territorio de 2.544 hectáreas. De los transmisores de radio utilizados en el estudio, 23 tenían sensores de vibración que permitían conocer cada movimiento de los felinos que los portaban. Sin estos sensores, hubiera sido necesario que diez o doce investigadores persiguieran a los gatos para recoger los datos.

Como era de esperar, en la mayoría de los casos, los gatos sin dueño se desplazaban por territorios más amplios que los gatos domésticos, y fueron más activos durante todo el año. Pero el tamaño del área de ronda de los callejeros sorprendió incluso a los investigadores. Uno de ellos, un varón de raza mixta, se desplazaba por una gigantesca zona de 547 hectáreas.

Como la mayoría de los gatos asilvestrados, este «llanero solitario» se movía por sitios urbanos y rurales, desde los jardines urbanos a los campos agrícolas y los bosques. «Que sepamos, ese gato en particular no obtenía alimentos de los seres humanos, pero de alguna manera sobrevivió por ahí en medio de los coyotes y zorros», afirma Jeff Horn, responsable de estudio. «Se cruzó todas las calles de su zona, semáforos y aparcamientos. Lo encontramos haciendo una madriguera durante un pequeño campo de béisbol durante un partido».

Los domésticos, más precavidos

Los gatos domésticos tuvieron un comportamiento mucho más precavido. La mayoría se daba paseos más cortos y tendía a quedarse cerca de casa. Su zona de recreo no llegaba a las dos hectáreas. «Sin embargo, algunos de los dueños se quedaron muy sorprendidos al saber que sus gatos se van tan lejos», señala Horn. «Eso es un montón de patios traseros».

No es un mal recorrido si se tiene en cuenta que los gatos domésticos pasan dormidos o con una actividad muy baja el 97% de su tiempo. Bastante vagos, solo dedicaron el 3% restante a actividades muy enérgicas, como correr o acechar a sus presas, mientras que los gatos sin dueño, porque tienen que buscarse la vida y alimentarse, se mantuvieron muy activos el 14% del tiempo. Su actividad fue especialmente notoria en invierno, cuando su cuerpo necesita más energía calórica para sobrevivir.

La mayoría de los gatos del estudio, incluso los salvajes, se mantuvo dentro de unos 300 metros en las cercanías de construcciones humanas. «Eso demuestra que a pesar de que estén asilvestrados, todavía tienen un nivel de dependencia de nosotros», afirma Nohra Mateus-Pinilla, experta en vida salvaje.

Peleas y enfermedades

Pero la vida conjunta entre gatos salvajes y domésticos no es fácil, y se producen conflictos entre ellos, incluido el intento de expulsión de una mascota de su propio patio trasero. De hecho, los investigadores saben que una de las principales causas de muerte gatuna son, precisamente y además de las enfermedades, otros colegas con bigotes.

Los gatos también pueden contraer enfermedades de los gatos silvestres, llevárselas a casa e incluso infectar a sus dueños. El parásito Toxoplasma gondii, que puede causar problemas neurológicos, reproductivos y respiratorios incluso en los humanos, es uno de los principales problemas, además de la rabia, la fiebre por arañazo de gato, la leucemia felina y el virus de la inmunodeficiencia felina. La vacunación de gatos domésticos reduce el peligro, pero no elimina la amenaza de transmisión de enfermedades.

Fuente

 

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El misterio de los perros del Titanic

El misterio de los perros del Titanic:

Poco se ha publicado sobre los 12 canes que viajaban a bordo del transatlántico. Por los documentos de la empresa White Star (operadora de la nave) y testimonios de sobrevivientes, se sabe que todos pertenecían a pasajeros de primera clase.

Los perros del TitanicHoy día, son pocas las personas que desconocen la historia del "Titanic". Fueron 1.517 vidas, entre hombres, mujeres y niños, las que se perdieron a la altura de las costas de Newfoundland, Canadá, a mediados de abril de 1912, en el barco que "ni Dios podría hundir".


Sólo tiempo después, en todos los medios del mundo, se hablaría de "la tragedia del siglo" y de "lo caro que pagaron sus constructores tamaña falta de humildad". El viaje inaugural de la gran nave mezclaba desde la nobleza británica, industriales americanos y lo "mejor" de la sociedad de Nueva York y Philadelphia, con inmigrantes de pobres recursos, que viajaban con la esperanza de comenzar una nueva vida en Estados Unidos o Canadá. Los primeros, atraídos por la idea de ser "retratados en su llegada a América por las revistas del corazón", llegaron a pagar unos 4.350 dólares americanos (equivalentes a unos ¡100 mil de hoy!) mientras que los canes abonaban el equivalente al pasaje de un niño en primera clase. El viaje comenzó en Southampton, Inglaterra, el miércoles 10 de abril de 1912. Para la caída del sol, el "Titanic" se había detenido en Cherburgo, Francia, con el objetivo de levantar algunos pasajeros adicionales.
Esa misma noche, el barco navegó hacia Queensland, Irlanda, y el jueves 11 de abril puso proa hacia alta mar en el Atlántico, para finalizar el periplo en una colisión contra un iceberg, a la altura de las costas de Newfoundland, el 14 de abril.
El RMS "Titanic" (NdR: RMS por royal mail steamship (o steamer) o buque vapor del correo real) se hundió en las primeras horas del 15 de abril de 1912.

Según textos recabados por el periodista español Rafael Fernández de Zafra de la revista "Todo Perros" , se exigía a las personas de a bordo que sus perros ostentaran el mismo glamour que sus dueños.
Para tal fin, en la cubierta F de primera clase, se construyeron caniles con calefacción, confortables al extremo y hasta con un servicio de paseo incluido para cada perro.
Según cuenta, el capitán Smith era un reconocido amante de los canes y criaba los llamados borzoi, también conocidos como galgos rusos. Todavía se puede ver, dando vueltas en la web, una foto en la que se lo observa despidiéndose de su borzoi blanco, antes de partir. Tal admiración despertaban en los pasajeros los perros que viajaban a bordo (la mayoría, de raza o campeones de belleza), cuando eran paseados para que ejercitaran o hicieran sus necesidades, que el mismo capitán propuso realizar un desfile canino. El evento social estaba planeado para el 15, justo el día del fatídico desenlace. Oficialmente, se supo que fueron tres los perros que sobrevivieron al naufragio, ya que los botes salvavidas estaban casi vacíos cuando los soltaron y nadie se opuso que los animales viajaran allí:
Ellos fueron "Sun Yat Sen", un pekinés propiedad de Henry Harper, un acaudalado empresario británico, quien, junto con su esposa Myra, lograron ser rescatados, al llegar a uno de los primeros botes.
"Lady", de raza pomerania, que viajaba con su dueña, Margaret Hays. Ambas fueron rescatadas del bote salvavidas número 7 y, según comentan, la perra habría sido escondida entre las ropas o en el bolso de la señora y llegó sana y salva a Nueva York, de donde, curiosamente, era oriunda.
Otro pomerania, del cual se desconoce su nombre, propiedad de Elizabeth Barrett Rothschild, quien viajaba junto con su esposo, Martin Rothschild, se salvó en el sexto bote, junto con la famosa enfermera que sobrevivió a los naufragios más trágicos de la época, llamada "La Inhundible" Molly Brown.
Martin Rothschild perdió la vida en un caballeresco acto, al ceder su lugar en el bote a una dama.

Entre los pasajeros destacados, se encontraba Robert W. Daniels, quien abordó el "Titanic" en Southampton, Inglaterra, con destino a la ciudad de Philadelphia, Pennsylvania, con su perro "Gamin de Pycombe", un bulldog francés campeón que había comprado, precisamente, en Francia y que había sido valuado en la astronómica suma de 750 dólares de esa época (alrededor de 17 mil dólares de hoy).
De los perros que perdieron la vida en el naufragio, se sabe que había ejemplares de diversas razas. Entre ellos, un chow-chow campeón de belleza, que viajaba con el señor Harry Anderson, un destacado agente de Bolsa de la época. Además, se confiró la existencia de un (probablemente) bichón boloñés, "Frou-Frou", que había sido adquirido en Florencia (Italia) por Helen Bishop, quien se encontraba con su esposo de luna de miel por Europa. Ambos se salvaron en el bote 6, mientras que la perra murió en el camarote B-49.
También había un airedale terrier de nombre "Kitty", propiedad de John Jacob Astor. Este fue la persona que liberó a los perros de los caniles en medio de la tragedia, aunque falleció, junto con su perra, para que su esposa, Madeleine, embarazada, se salvara en el bote 4.
Muchos sobrevivientes recuerdan un gran danés, del que se desconoce el nombre, propiedad de Anne Isham, una norteamericana que regresaba a su país tras vivir nueve años en París con su hermana.
El buque "Bremen", a cuatro días del naufragio, reportó haber visto a una dama en traje de noche abrazada a un perro de gran porte, congelados en el agua. Según los archivos del Nova Scotia Maritime Historical , la señora Isham se negó a subir al bote si no subía su perro con ella.
Tampoco se salvaron un viejo airedale terrier, un king Charles spaniel y un mestizo de raza pequeña, propiedad de William Carter, quien sí sobrevivió y luego demandó a la compañía por sus perros y un auto Renault (que en la película Titanic de James Cameron formó parte de la escena de amor entre Jack y Rose), siendo uno de los juicios más resonantes de la época.
"Gamin de Pycombe", el bulldog francés nombrado anteriormente, tampoco salió vivo de la hazaña. Pero su dueño, al salvarse, exigió a la empresa propietaria del "Titanic" la devolución de lo que había pagado por su perro, una verdadera fortuna para la época.
Muchos medios se hicieron eco de un artículo publicado por el periódico "New York Herald" , el 21 de abril de 1912, basado en el testimonio de un supuesto marinero del buque "Carpathia" (primero en llegar al lugar del naufragio), de nombre Jonas Briggs, quien relató la conducta heroica de un perro de nombre "Rigel", de raza terranova, propiedad de un oficial del "Titanic", que habría ayudado a rescatar náufragos.
De no haber sido por su heroísmo, los sobrevivientes del bote que estaban a la deriva en la oscuridad en el camino del "Carpathia" se hubieran perdido para siempre.
"Rigel" nadó entre el bote y el "Carpathia", ladrando continuamente. Finalmente, el capitán del buque escuchó los ladridos y ordenó detener las máquinas, mientras "Rigel" guiaba al bote a través de la noche hacia lugar seguro.
Una vez a bordo, el perro, que se veía prácticamente entero, a pesar de su arduo trabajo de salvataje y bien parado sobre sus patas, ladraba al mar por su dueño, hasta que fue llevado a otro lugar, por atención médica y comida.
Lamentablemente, ni la hazaña ni la existencia de este perro jamás han sido documentadas por algún historiador, la empresa dueña del barco o sobrevivientes.
William Crothers Dulles, un abogado de 39 años que viajaba sin compañía humana, también llevaba a su mascota. Aunque en los registros se asentó sólo como "perro", se supone que podría haber sido un pomerania o un fox terrier.
También hay constancia de otros perros, posiblemente un borzoi, un galgo o un galgo afgano y un fox terrier, pero nunca nadie pudo confirmarlo, según consignan cientos de páginas de Internet que se refieren al tema.
Los desesperados y aristocráticos perros probablemente observaron cómo sus dueños peleaban como fieras espantadas para salvar sus vidas, mientras su suerte quedaba inevitablemente unida a la embarcación más lujosa de la historia, en la que, seguramente, de ser por ellos, jamás hubieran subido.


* 2 horas y 40 minutos tardó el "Titanic" en hundirse, a 4 días de comenzado su primer y único viaje.
* 1.517 personas murieron, incluyendo pasajeros y tripulación.
* 2.223 era el total de personas que lo habían abordado.
* 3.000 hombres trabajaron en su construcción, durante dos años.
* 3 millones de remaches mantenían unida la estructura.
* 4 eran las chimeneas que tenía el barco, aunque sólo tres funcionaban. La cuarta era para la "buena suerte" y "por estética".
* 6 advertencias sobre la presencia de hielos recibió el "Titanic", el día de la tragedia, pero fueron ignoradas por el operador, que se encontraba "ocupado" transmitiendo mensajes personales de los pasajeros.
* 28 personas llevaba el primer bote de emergencia que salió del "Titanic", aunque tenía lugar para 64.
* 472 fue el total de asientos que quedaron vacíos en los botes salvavidas.
* 300 cuerpos fueron recuperados en la mañana siguiente.
* 1 hombre se salvó luego de haber flotado durante horas en las heladas aguas del Atlántico. Es que Charles Joughin había "tomado mucho alcohol" esa noche.
* 49 niños pasajeros en tercera clase murieron, mientras que en primera, sólo uno.
* 9 semanas de vida tenía Millvina Dean, la última sobreviviente del "Titanic", quien murió en mayo de 2009.
* 74 años después de haberse hundido, fueron hallados los restos del gigante dormido, el 14 de julio de 1986.

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Cuidados con la vestimenta canina

Nuestras mascotas son una parte tan importante de la familia que muchas veces olvidamos que no son humanos y que hay acciones que pueden incomodarlos o causarles malestar, como, por ejemplo, el uso de vestimenta canina.

vestimenta canina

Dependiendo de la raza, tamaño y comportamiento, varía la posibilidad de poder vestir a nuestras mascotas, siendo importante no olvidar que:

· Si hace frio no habrá problema con colocarle ropa, sobre todo cuando es cachorro porque es más sensible a las enfermedades virales. De igual forma si es un perro adulto.

· Si el perro cuenta con tendencia al estrés, el uso de ropa puede potenciar el que se sienta estresado.

· No es recomendable vestirlos si tienen pulgas porque el calor que otorgará la ropa ayudará al desarrollo de los parásitos.

· No debe colocarse vestimenta a la mascota si cuenta con una herida pues si las tapamos esto ocasionará retraso en su curación y una posible infección.

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